Si acabas de enterarte, esta página es para las próximas 48 horas: qué conviene hacer, qué conviene no hacer todavía y por qué. No te va a decir que todo va a estar bien, porque no lo sabemos, pero sí te va a decir qué de todo lo que estás pensando hacer ahora mismo suele empeorar las cosas.
Acompañamiento
Qué hacer si tu hijo consume
De qué se trata
Qué es y a quién le sirve
Qué esperar
Cómo se acompaña aquí
Primero respiras, aunque suene imposible
La decisión que tomes en caliente esta noche es la que más probabilidades tiene de cerrar la conversación por meses. Salvo que haya riesgo para la vida, no hay nada que tenga que resolverse hoy.
Escribes y lo ordenamos juntos
Nos cuentas qué pasó y qué viste. Buena parte de la primera conversación es separar lo que es un hecho de lo que es un miedo, y eso es muy difícil de hacer solo cuando se trata de un hijo.
Preparamos qué le vas a decir
Quién habla, cuándo, con qué palabras y qué responder si lo niega. La primera conversación casi siempre termina en negación, y conviene saberlo de antemano para no leerlo como un fracaso.
Miramos si hace falta un proceso, y de qué tipo
No todo consumo requiere un programa residencial, y te lo vamos a decir aunque signifique que no vengas. Lo que sí requiere siempre es que alguien de la familia deje de estar solo con esto.
Si llegaste aquí hoy, probablemente te enteraste hace poco y estás buscando desde el teléfono, de noche, sin querer despertar a nadie.
Vamos directo a lo que sirve en las próximas horas.
Lo primero: ¿hay riesgo ahora mismo?
Antes que cualquier otra cosa. Si hay intoxicación, ideas de hacerse daño o violencia en la casa, eso no es una conversación pendiente: llama al 123. Para orientación en salud mental, la Línea 106.
Si no hay riesgo inmediato —que es lo más frecuente—, entonces tienes algo que ahora mismo no sientes que tienes: no hay nada que tenga que resolverse esta noche.
Lo que conviene NO hacer todavía
Estas cuatro cosas son las que más veces nos cuentan las familias, y las cuatro suelen costar meses.
La conversación en caliente. La de esta noche, con el susto encima. Termina en gritos y en portazo, y después la puerta tarda en volver a abrirse.
El ultimátum. «O entras a un centro o te vas de la casa» dicho el primer día es una amenaza que probablemente no vas a poder sostener, y que te quita la única herramienta que tienes.
Convertirlo en la única conversación posible. Cuando cada encuentro en la casa es sobre el consumo, la persona deja de estar en la casa. Y necesitas que siga estando.
Buscar el culpable. Entre ustedes dos, con el otro padre, con el colegio, con los amigos. No cambia nada hoy y consume la energía que vas a necesitar.
Lo que sí ayuda desde ya
Escribir lo que sabes
Hechos con fecha, no conclusiones. Qué viste, cuándo, qué dijo, cuánto dinero, cuántas faltas.
Sirve para dos cosas: ordena tu cabeza, y cuando llegue la conversación te permite hablar de cosas concretas en vez de adjetivos. «Estás consumiendo» solo se puede negar; «llevas tres semanas sin dormir aquí» hay que responderlo.
Si no estás seguro de lo que viste, señales de consumo te ayuda a ordenarlo.
Dejar de amortiguar, sin dejar de querer
Es la distinción más difícil de toda esta página y la que más cambia las cosas.
Pagar la deuda, llamar al jefe, inventar la excusa ante la abuela: cada una de esas cosas se hace por amor y cada una retrasa el momento en que tu hijo ve el tamaño real de lo que está pasando. Dejar de hacerlo no es castigarlo ni darle la espalda. Es dejar de absorber tú las consecuencias que le corresponden a él.
Puedes decirlo con esas palabras: «te quiero igual, y no voy a seguir pagando esto».
Decidir quién habla
No siempre es quien más sufre. A veces el padre que está más tranquilo tiene más opciones que la madre que lleva cuatro meses sin dormir, aunque sea ella la que descubrió todo. No es injusto: es estratégico.
Buscar algo para ti
No es un consejo de relleno ni es para después. Quien convive con esto lleva meses en alerta, y ese agotamiento es exactamente lo que hace que la conversación salga mal.
Cuando llegue la conversación
Tres cosas, y ya es bastante:
- El momento. Nunca durante un consumo, nunca en medio de una pelea. Mejor caminando o en el carro que sentados frente a frente: el contacto visual permanente sube la presión.
- El contenido. Dos o tres hechos concretos, lo que te preocupa, y una puerta abierta. No un discurso.
- La respuesta. Va a negar, o a minimizar, o a enojarse. Eso es lo esperable, no es el fracaso de la conversación. Lo que queda plantado es que tú sabes y que la puerta está abierta, y eso trabaja solo durante semanas.
No tienes que lograr nada en esa conversación. Solo que exista.
Si tu hijo es menor de edad
El marco cambia, porque quienes ejercen la patria potestad deciden por él, con límites. Pero casi todo lo anterior sigue aplicando, y la conversación sigue siendo lo que más decide. Escríbenos y lo vemos según su edad y su situación.
Y si ya intentaste todo esto
Es muy frecuente que una familia llegue aquí después de años, no después de días. Si ese es tu caso, lo que probablemente te sirve es cómo internar a un familiar, donde explicamos qué se puede hacer de verdad cuando la persona no quiere, y qué dice la ley colombiana al respecto.
Hablarlo con alguien
Escríbenos. Te responde una persona del equipo, la conversación es contigo y no compromete a nada. La mayoría de estas conversaciones no terminan en un ingreso.
Sobre esta página. Es orientación general para una familia, no una valoración del caso de tu hijo ni un sustituto de atención profesional. Si hay riesgo para la vida, llama al 123.
Preguntas frecuentes
Lo que más nos preguntan
¿No encuentras la tuya? Escríbenos y te responde una persona del equipo.
Salvo que haya riesgo para la vida, no. Una conversación en caliente, la noche en que te enteraste, casi siempre termina en portazo. Esperar un día no cambia nada; hacerlo mal sí.
Es una decisión demasiado grande para tomarla en la primera semana, y rara vez logra lo que se espera de ella. Conversémosla antes de que la tomes, no después.
Lo que sí suele ayudar es dejar de cubrir las consecuencias —pagar deudas, poner excusas, tapar faltas—. Lo que suele empeorar es el castigo ejemplar: refuerza que esto es una pelea entre ustedes y no un problema de él.
No. Y lo decimos sabiendo que no te lo vas a creer hoy. Las causas del consumo son muchas y la crianza es una entre muchas; lo que sí está en tu mano es lo que pase de aquí en adelante.
El secreto absoluto desgasta muchísimo y suele dejar sola a una sola persona cargando todo. A quién contarle y cómo también se piensa, y es parte de lo que conversamos.
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