Saltar al contenido
+57 321 798 4781Escríbenos

Acompañamiento

Señales de consumo

De qué se trata

Qué es y a quién le sirve

Esta página no sirve para diagnosticar a nadie, y conviene decirlo antes de empezar: ninguna señal de esta lista prueba por sí sola que alguien esté consumiendo, y varias de ellas describen igual de bien a un adolescente que está pasando por otra cosa. Sirve para otra cosa, que es la que tú necesitas: ordenar lo que ya viste y decidir qué hacer con ello.

Qué esperar

Cómo se acompaña aquí

  1. Escribes con lo que tienes

    No hace falta que estés seguro. La mayoría de las familias que escriben llegan con una sospecha y una lista de cosas sueltas, no con una certeza.

  2. Ordenamos lo que viste

    Separar lo que son hechos concretos de lo que son interpretaciones es la mitad del trabajo, y es muy difícil de hacer solo cuando se trata de un hijo.

  3. Te decimos con franqueza qué vemos

    A veces lo que describe una familia no apunta a consumo, y lo decimos. Otras veces apunta y todavía no hace falta un proceso residencial, y también lo decimos.

  4. Si hay que hablar con la persona, lo preparamos

    Una conversación improvisada a partir de una sospecha casi siempre termina en negación y en portazo. Una preparada tiene otra probabilidad.

Casi nadie llega a esta búsqueda por curiosidad. Si estás aquí es porque ya viste algo, llevas un tiempo dándole vueltas y no sabes si estás exagerando.

Lo primero, entonces: el hecho de que estés buscando esto ya es información. No suele ser infundado.

Por qué ninguna lista de señales alcanza

Hay que decirlo antes de dar la lista, porque de lo contrario la lista hace daño.

Los cambios que se ven desde afuera —el ánimo, el sueño, el dinero, las amistades— los produce el consumo, pero también los produce una depresión, un duelo, una ruptura, el acoso escolar o simplemente tener diecisiete años. Ninguna señal por sí sola prueba nada.

Lo que sí significa algo es el patrón: varias cosas a la vez, que antes no estaban, que empezaron más o menos juntas y que llevan semanas o meses.

Lo que suele notar una familia

En la rutina y el dinero

Es por donde más veces se descubre, y rara vez es lo que uno espera.

  • Dinero que falta en la casa sin explicación, o pedidos de plata cada vez más frecuentes y con razones cada vez más elaboradas.
  • Objetos que desaparecen.
  • Horarios que se desarman: dormir de día, salir de noche, desaparecer fines de semana enteros.
  • Faltas al trabajo o a clase que al principio tienen justificación y después ya no.

En la relación

  • La persona deja de estar donde está: en la casa pero encerrada, en la mesa pero ausente.
  • Cambia el grupo de amigos, y el nuevo grupo no se presenta en la casa.
  • Reacciones desproporcionadas a preguntas corrientes, sobre todo a «¿dónde estabas?».
  • Mentiras sobre cosas pequeñas que no hacía falta mentir.

En el cuerpo y el ánimo

  • Cambios de peso, de apetito o de sueño sostenidos en el tiempo.
  • Descuido del aspecto en alguien que antes no lo descuidaba.
  • Oscilaciones fuertes de ánimo: días de mucha energía y días de no levantarse.
  • Olores, ojos enrojecidos, pupilas distintas. Son los más llamativos y los menos útiles: aparecen tarde y tienen muchas explicaciones.

Las tres cosas que importan más que la lista

Que sea un cambio. Alguien que siempre fue reservado y sigue siendo reservado no cambió. Lo que cuenta es lo que era distinto hace seis meses.

Que sean varias a la vez. Una sola no dice nada.

Que persista. Dos semanas raras no son lo mismo que cuatro meses.

Lo que no ayuda, aunque se sienta urgente

Acusar a partir de una sospecha. Pone a la otra persona a defenderse y la conversación se acaba ahí.

Buscar la prueba definitiva. Es comprensible y suele costar caro: la confianza que gastas buscándola es la misma que vas a necesitar después.

Esperar a estar seguro. La certeza casi nunca llega, y mientras tanto pasa el tiempo.

Qué sí ayuda

Escribe lo que has visto, con fechas, como hechos y no como conclusiones. «El 12 faltó al trabajo, el 15 faltaron $300.000, lleva tres semanas sin dormir en la casa» es algo con lo que se puede trabajar. «Está raro» no.

Después, habla desde ahí. Y si no sabes cómo, eso se prepara: está en qué hacer si tu hijo consume.

Si lo que te preocupa es el paso siguiente —si se puede ingresar a alguien que no quiere—, la respuesta honesta está en cómo internar a un familiar.

Si quieres que lo miremos contigo

Escríbenos y cuéntanos qué has visto. No hace falta que estés seguro de nada; esa es justamente la conversación.


Sobre esta página. Es orientación general para una familia, no un instrumento de diagnóstico ni un sustituto de una valoración profesional. Si hay riesgo para la vida, llama al 123.

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan

¿No encuentras la tuya? Escríbenos y te responde una persona del equipo.

No con certeza, y desconfía de cualquier lista que te diga lo contrario. Los cambios que se ven desde afuera se parecen mucho entre sustancias, y además es frecuente que haya más de una de por medio.

Es la pregunta que más nos hacen y no tiene una respuesta única. Lo que sí sabemos es el costo: si lo haces y no encuentras nada, perdiste confianza a cambio de nada; si encuentras algo, vas a tener que explicar cómo lo supiste. Conversémoslo antes.

Por eso se habla de hechos concretos y no de conclusiones. «Llevas tres semanas sin ir a clase y no sé dónde estás en las noches» es algo que se puede responder. «Estás consumiendo» solo se puede negar.

Si hay riesgo para la vida ahora mismo —intoxicación, ideas de hacerse daño, violencia— eso no es una sospecha que ordenar, es una urgencia: llama al 123 o a la Línea 106.

¿Hablamos hoy?Respuesta humana y confidencial

WhatsApp
LlamarWhatsApp